lunes, 10 de octubre de 2011

Rutina

Toma una cerveza, y después otra, ya era como la cuarta en la noche. Muy mareado se levanta de su silla y a los tumbos va hacia el baño. Al llegar entra en uno de los cubículos, se desabrocha el botón del pantalón y orina. Al tirar la cadena, ve una luz brillante dentro del inodoro, se acerca para verla, creyendo que simplemente era producto del alcohol, y es succionado con el agua.
De un momento al otro pasa de estar en un baño, a una oficina. Ese lugar le era familiar. Estaba sentado, acomodando unos archivos de las finanzas de la semana pasada. Su remera y jean ahora eran un traje. En su mesa tenía una foto de una mujer muy bella sonriendo con una niña, sería su familia?
Cuando baja las manos del escritorio, siente un peso por demás del que acostumbraba, éstas estaban esposadas con una cadena que unía a los grilletes que tenia en sus tobillos. No importaba la fuerza que hacía no podía zafarse. Vencido decide continuar con la tarea que estaba realizando. Toma un pequeño descanso, pues aquella labor lo cansaba muchísimo, mira a su alrededor y ve que había mas personas, también encadenadas, con caras que demostraban la tristeza que los abordaba.
Pasan las horas y el sol se esconde entre los edificios que se veían por la pequeña ventana, de repente, un timbre resuena en la habitación. Sin pensar se levanta y se dirige hacia la única puerta que existía en la oficina. Al abrir, sus cadenas desaparecen. Feliz por su libertad va hacia el bar para festejar, toma unas copas y nuevamente, mareado, recorre el bar para ir al baño.

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